Este miércoles 7 de mayo, las puertas de la Capilla Sixtina en Ciudad del Vaticano estarán cerradas para el cónclave, para deliberar en secreto y elegir al nuevo pontífice, sucesor del Papa Francisco fallecido el mes pasado a la edad de 88 años.
Los 133 cardenales de todo el mundo pararán horas encerrados entre los muros de la capilla, hasta que uno de ellos reciba una mayoría de dos tercios.
Los cardenales pueden votar por papeleta secreta hasta cuatro veces por día, y en cada ocasión una nube de humo negro o blanco emerge de lo alto del techo de la capilla para indicar si se ha logrado la mayoría necesaria. El cónclave puede tomar unas cuantas horas o casi tres años, un récord establecido en el siglo XIII.
Una vez que el humo salga blanco, indica que se ha elegido un Papa. Es difícil decir cuánto va a durar el cónclave. En 2025, el papa Benedicto XVI fue electo en la cuarta votación, en menos de 24 horas. En 2013, los cardenales se tomaron poco más para decidirse por el papa Francisco, quien fue seleccionado en la quinta ronda después de dos días. Pero esta vez, dijo Horowitz, no hay un favorito claro.
Luego de que repiquen las campanas, un representante del Vaticano saldrá al balcón que da a la Plaza de San Pedro y anunciará al nuevo pontífice en latín con la frase Habemus Papam, es decir, “¡Tenemos papa!”, y su nombre papal elegido.


